César y Ricardo entraron juntos a la habitación.
Marina los miró, les echó un vistazo rápido y no dijo nada. Fastidiada, se dio la vuelta y les dio la espalda.
—Oye, come un poco de fruta, te va a hacer bien —dijo Marina con un tono distante.
No trató de ocultar su molestia hacia César, y dejó claro su desprecio con su actitud.
Perla tomó el tazón y, aunque antes había mucha gente, ahora le costaba hablar por la garganta irritada.
—Querida, sal un momento, necesito decirte algo. —Ricardo tiró su