La pantalla se apagó. Saúl sonrió de forma arrogante, y en sus ojos brillaba una mezcla de diversión y pasión.
El cuerpo de Teresa... realmente era muy bueno. La última vez que se acostó con ella fue en el funeral de su abuelo. Si lo pensaba bien, ya llevaban dos días sin verse.
La extrañaba.
En la mesa del restaurante, las copas iban y venían. Mañana sería la lectura del testamento. Estaban cenando y brindando con el abogado del abuelo.
—Esta vez, gracias a la ayuda del abogado Biondi, todo ha