Perla terminó de lavarse las manos, se las secó y pasó junto a César, lista para irse.
Pero antes de llegar a la puerta, él le agarró el brazo de golpe. En un segundo, la jaló hacia su pecho, rodeándola con un brazo en la cintura y el otro en la nuca.
Se inclinó… y la besó de repente.
El beso fue tan inesperado que Perla ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. Pero al darse cuenta de que él la estaba forzando, empezó a luchar con todas sus fuerzas, empujando su cara y tratando de separarse.
Se ec