En su cabeza, Perla se reprochaba una y otra vez.
—¿Por qué demonios no usé tacones hoy? ¡Le habría destrozado la entrepierna de una buena patada!
En el barrio Las Palmas, Marina ya estaba lista y bajaba las escaleras para su cita con Ricardo.
Andi, con su ojo de halcón, la vio arreglada y guapa, y corrió a detenerla.
—¿Tía, vas a salir con el tío Ricardo? ¿Puedo ir con ustedes un ratito?
Orión, que estaba cerca, también la miró con ojitos brillantes, esperando que dijera que sí.
—Vaya, Andi, qu