—Tía, sabemos que hicimos algo malo —Orión se disculpó de inmediato.
Esta frase dejó a Marina tan confundida que no sabía cómo desahogarse.
Solo podía usar el bate de béisbol para agitarlo en el aire frente a los dos y desahogar su enojo.
—¡Recuerden esto! ¡A partir de ahora, si alguno de ustedes viene a buscarme, no los voy a llevar a jugar nunca más! Si quieren contarle a sus mamás mis secretos, ¡adelante! Pero no piensen que se van a librar de nada. ¡También les voy a contar a ambas cómo les