A las ocho y media, doña Marta llegó puntualmente a entregar el desayuno.
Era todo lo que a ella le gustaba. Mientras César desayunaba, seguía viéndose preocupado. Doña Marta pensó que tal vez el desayuno no le gustó, pero como en el hospital no había dónde preparar otra comida, solo le pidió que lo aceptara. No dijo nada más.
Después del desayuno, el médico llegó para hacerle una revisión, la recuperación iba muy bien, y César finalmente aceptó que pudiera ser dada de alta.
A él no le preocupab