Lorena iba a acostarse para seguir durmiendo, pero, de repente, recordó lo que doña Marta le había dicho, y murmuró con los ojos cerrados:
—Doña Marta dejó comida para ti en la barra, si tienes hambre, caliéntala.
Cuando César entró y vio la comida, no pudo evitar sentirse sorprendido. No esperaba que Lorena aún pensara en él, dejándole comida. Un sentimiento de gratitud invadió su corazón.
—Lorena, no pensé que me dejaras comida, qué bonito. —César levantó la manta y se pegó a su espalda, trata