El sol todavía no salía cuando el despertador martilleó en la mesa de noche. Azkarion se levantó de un salto, con una energía que Emma no le conocía. Había algo en tener un objetivo real, algo que no fuera solo mover números en una pantalla, que lo había transformado.
—Arriba, chef —dijo él, dándole un beso rápido en la frente—. El mercado no espera y el prestamista nos cita a las siete para el cambio del anillo.
Emma se frotó los ojos. Le dolía todo el cuerpo de dormir apretujada, pero se leva