El silencio en el ático de la familia Hills era tan espeso que se podía cortar con un cuchillo de cocina mal afilado. Emma estaba de pie, con las manos entrelazadas frente a su vientre, sintiendo cómo la mirada de su madre, Penélope, la escaneaba con una mezcla de incredulidad y asco.—¿Que tú qué, Emma? —preguntó Penélope, dejando su copa de vino sobre la mesa de cristal—. Repítelo, porque creo que el champán me está haciendo alucinar.—Azkarion DArgent me ha pedido matrimonio —dijo Emma, tratando de mantener la voz firme—. Y he aceptado. Nos casaremos por lo civil este viernes.Una carcajada estridente estalló en la sala. Sophia, su hermana, se dobló de la risa, señalándola con un dedo perfectamente manicurado.—¡Es una broma! —exclamó Sophia—. Emma, mírate. Azkarion DArgent es el hombre más codiciado del país. Sus exnovias son modelos de pasarela que pesan cuarenta kilos mojadas. ¿Por qué querría casarse con una asistente que parece haber devorado todo el menú de su propia graduaci
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