La Torre DArgent se alzaba sobre la ciudad como un obelisco de arrogancia. A las seis de la tarde, el muelle de carga era un caos controlado de furgonetas negras y camiones refrigerados. Emma, Azkarion y Sophia, enfundados en los uniformes grises del servicio de limpieza técnica, se fundieron con la marea de trabajadores bajo el zumbido de los escáneres biométricos.
—Mantengan la cabeza baja —susurró Sophia mientras pasaban el primer cordón de seguridad—. Los guardias están nerviosos. Valmont h