El despertar en la Isla de los Naufragios no tenía el bullicio del puerto ni el pitido de las freidoras industriales. El único sonido era el de las olas rompiendo contra los restos de un viejo carguero encallado que servía de almacén comunitario. Emma se levantó con los músculos entumecidos por dormir sobre una estera de juncos, pero con una claridad mental que no sentía desde que los DArgent entraron en su vida.
A su lado, el espacio de Azkarion estaba vacío. Lo encontró en la orilla, mirando