Despertar en la mansión DArgent después de una noche de confesiones era como despertar en un glaciar. Emma se quedó mirando el techo durante lo que parecieron horas, escuchando el silencio absoluto de la casa. Azkarion no estaba. No había rastro de él en la habitación, ni siquiera el olor de su perfume amaderado. La cama estaba perfectamente hecha del lado de él, como si nunca se hubiera acostado.
Emma bajó a la cocina, esperando encontrarlo allí, pero solo encontró a una de las empleadas del s