El agujero en el suelo de la cocina seguía allí, cubierto temporalmente con unas tablas de madera resistente, como una cicatriz de guerra que se negaban a ocultar del todo. El ambiente en el puerto había cambiado; ya no había miradas de sospecha. Ahora, cuando los pescadores pasaban frente a "La Prohibida", se tocaban la gorra en señal de respeto hacia Azkarion y Emma.
—Nunca pensé que el cemento roto atraería a tantos clientes —comentó Azkarion, mientras terminaba de barnizar la nueva puerta p