La tarjeta de Jean-Luc Valmont descansaba sobre la barra de madera como una declaración de guerra silenciosa. Azkarion la giraba entre sus dedos, observando el relieve dorado. Para él, que había pasado meses entre el hollín y el desprecio, esa tarjeta era un salvoconducto de regreso al mundo al que pertenecía.
—Emma, piénsalo bien —dijo Azkarion, su voz cargada de una excitación que ella no compartía—. El Torneo Continental. Eso pondría a "La Prohibida" en el mapa mundial. No tendríamos que pre