ALBA
La gran casa resuena con un silencio pesado, casi opresivo.
Todo el mundo duerme o finge dormir.
Yo, soy prisionera de esta insomnio que me consume, imposible de cerrar los ojos.
La noche parece haberse congelado a mi alrededor, pesada, espesa, como un velo que no puedo levantar.
Bajo las escaleras a tientas, cada paso amortiguado por la gruesa alfombra. Solo quería un vaso de agua, o tal vez escapar un instante del yugo invisible que aprieta mi pecho.
Pero apenas cruzo la entrada del