ALBA
La mesa es demasiado larga para los cuatro.
El cristal vibra con el más mínimo movimiento. El brillo de las velas tiembla sobre los platos, como si incluso la luz dudara en quedarse.
Sandro está sentado a mi izquierda. Demasiado cerca y demasiado tranquilo. Ocupa el espacio como si lo hubiera diseñado. Cada detalle de esta cena, los manteles marfil, el vino raro, el menú escrito a mano, es una declaración de territorio.
Frente a mí: mi padre, erguido como un estaca. A su izquierda, mi madr