El silencio que quedó en la biblioteca después de la discusión con Javier y Alexander era insoportable.
Luciana se sentía atrapada entre el hombre que estaba empezando a amar y el que, de alguna manera, todavía la conocía demasiado bien.
Su mente estaba enredada, su corazón acelerado. Todo lo que creía estable ahora tambaleaba.
Necesitaba aire.
Salió de la biblioteca y caminó por el pasillo sin rumbo, pero con cada paso los recuerdos comenzaron a arremolinarse en su cabeza.
Y entonces,