Epílogo
Años después, el manuscrito original fue guardado en una vitrina de cristal en la Biblioteca Nacional, bajo la sección de “Literatura que cambió una generación”. Nadie lo tocaba sin guantes blancos. Nadie lo leía sin lágrimas.
Luciana, ya lejos del bullicio mediático, seguía escribiendo. Su cabello tenía algunas hebras plateadas, pero su mirada era aún más aguda. Su historia, una vez filtrada, tergiversada, expuesta… ahora era suya. Entera. Íntegra. Inquebrantable.
Vivía frente al mar,