Los meses en Nueva York se deslizaron con la rapidez del ritmo de la ciudad. Mi apartamento se llenó de mis cosas, mis rutinas se afianzaron y Ferrer Global se convirtió en algo más que un trabajo: era mi nuevo campo de batalla, donde luchaba por construir un futuro sólido y brillante. La amistad con Andrés florecía con una naturalidad sorprendente. Compartíamos confidencias, risas y el estrés propio de nuestros respectivos roles en la empresa.
Una tarde, mientras revisábamos los avances del pr