Nueva York comenzó a sentirse menos como un escenario de película y más como mi hogar. El ritmo frenético seguía siendo un desafío, pero poco a poco aprendí a moverme en él, a encontrar mis lugares favoritos para tomar un café, a disfrutar de la inmensidad de Central Park en mis escasos momentos libres. El trabajo en Ferrer Global era demandante pero gratificante. El proyecto de expansión en Latinoamérica me absorbía por completo, y sentía que finalmente estaba utilizando mis habilidades y mi e