El sol se coló entre las persianas como un dedo acusador, señalándome la resaca emocional de la noche anterior. Me desperté con una sensación de asco, recordando cada palabra, cada silencio incómodo con Maximiliano.
¿En qué momento me convencí de que algo real podía nacer de esa tensión constante, de esos encuentros a escondidas?
Si no hubiera estado tan caliente, tan desesperada por sentirme viva en sus brazos, quizás ahora no estaría lidiando con este hueco en el pecho, con esta punzante ce