Andrés se despidió con una sonrisa amable, dejándonos solos en la acera. El silencio que cayó entre Maximiliano y yo era denso, cargado de una incomodidad palpable. Su mirada se posó en mí, una mezcla de expectación y algo más oscuro que no pude descifrar. Yo solo quería escapar, alejarme de su presencia confusa y de la agitación que su cercanía siempre provocaba en mí.
-Gracias, señor Ferrer - dije, manteniendo una distancia física y emocional. - Pero prefiero irme caminando. El aire fresco me