Maximiliano levantó la vista de la carta, sus ojos oscuros clavados en mí, con una intensidad que parecía querer descifrar cada uno de mis pensamientos.
-¿Esto es por lo de anoche, Clara? ¿Por lo que te dije?
Su voz era grave, cargada de una repentina vulnerabilidad que contrastaba con su habitual compostura.
Respiré hondo, sintiendo el temblor en mis manos disminuir, reemplazado por una firmeza dolorosa. No era solo por la noche anterior, aunque esa conversación había sido la gota que colmó el