El anuncio cayó sobre Joe como una losa de hielo. El olor a heno y a tierra del establo se mezcló de repente con el aroma dulce y pesado del perfume de Perla, una combinación que asfixiaba la mente del ranchero.
Joe no articulaba palabra. No era solo el impacto de la noticia, sino la visión de su futuro que se hacía añicos. Sus sueños, la vida y relación que llevaba con Abigaíl, su tranquila y exquisita rutina, estaban siendo interrumpidas por un huracán llamado Perla.
El rostro de Joe, habitua