El viaje por tierra desde Nueva York hasta Montana había sido una purga necesaria. Las interminables franjas de asfalto, los cielos vastos y el aire seco y frío de las Montañas Rocosas eran el antídoto perfecto para la asfixia de mármol y jerez de la Mansión Briston. Joe condujo durante días, con el motor rugiendo como un latido constante, sintiendo cómo el peso de la ciudad se desprendía lentamente.
Había dejado atrás a Abigaíl por segunda vez, pero esta vez, ella le había dejado una herida qu