Persiguiendo a Icarus
Oficinas de Alexander, Londres – Tarde.
La conversación en la cafetería no fue casual.
Alexander venía del ala sur del edificio cuando oyó los nombres.
Helena. Interpol. Icarus. Zeus.
Las palabras cayeron una tras otra como piezas de dominó.
Se detuvo en seco al escuchar la voz de James, inconfundible y la risa nerviosa de Lorenzo. No estaban siendo discretos, no como deberían al creer que estaban solos.
No cuando el enemigo acechaba tras pantallas, contraseñas y nombres f