Minutos después de que la puerta se cerrara, aún seguía ahí, intentando calmar la respiración y borrar de mi piel el rastro de lo que acababa de pasar. El silencio me pesaba, y cada latido me recordaba lo cerca que había estado de cruzar una línea de la que no habría vuelta atrás.
Entonces escuché el sonido del auto estacionándose en la entrada. El pánico regresó de golpe. Corrí a mirar al espejo, arreglé mi cabello, y me senté en el sofá como si nada hubiese ocurrido.
La puerta se abrió y Adri