Desperté con la luz colándose entre las cortinas, tan suave que apenas lograba abrir los ojos. Por un momento, no recordaba dónde estaba. Luego el olor… aquel perfume masculino, profundo y casi familiar, me lo recordó todo.
Me incorporé lentamente y fue entonces cuando noté las bolsas sobre el sofá de la esquina. Eran elegantes, con el sello de una marca que conocía bien. Me acerqué, todavía adormecida, y sobre una de ellas había una pequeña nota.
“Para ti.”
Eso era todo. Dos palabras. Secas. D