Cerré la revista con un golpe seco.
Mi rostro seguía estampado en esa maldita portada, junto al de Máximo La Torre, como si fuéramos la pareja del año. La heredera misteriosa y el magnate italiano, decían. Qué fácil era destruir una reputación con una sola imagen.
Me levanté de golpe, sin pensarlo dos veces. No podía quedarme allí sentada viendo cómo todos me miraban. Tenía que ir a verlo, a exigirle una explicación, o al menos una solución.
El pasillo hacia su despacho parecía más largo que de