Capítulo 10

Los días siguientes pasaron volando.

El miércoles y el jueves fueron un respiro, como si el universo por fin me diera una tregua. No vi a Máximo La Torre ni una sola vez en todo el edificio, y por lo que escuché en el pasillo, había tenido que viajar a Roma por asuntos de la empresa.

No lo voy a negar: me sentí aliviada.

Por primera vez desde que trabajo ahí, pude concentrarme sin sentir esa presencia arrogante rondando mi oficina. Mis días transcurrieron entre planos, informes y café frío.
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