El silencio de la noche se había vuelto mi único confidente. Llevaba horas despierta, contemplando el techo de nuestra habitación mientras Adrián dormía a mi lado. Su respiración, profunda y acompasada, contrastaba con mi inquietud. Desde el incidente con aquel hombre en el restaurante, algo había cambiado entre nosotros. Ya no era solo miedo lo que sentía, sino una curiosidad morbosa que me carcomía por dentro.
Me levanté con sigilo, cuidando de no despertarlo. Necesitaba aire, espacio para pe