El amanecer se filtraba por las cortinas de seda cuando Elena abrió los ojos. La habitación, antes un espacio que la hacía sentir atrapada, ahora le resultaba extrañamente familiar. Extendió su mano hacia el lado vacío de la cama, donde las sábanas aún conservaban el calor de Adrián. Se había levantado temprano, como siempre.
Elena se incorporó lentamente, observando su reflejo fragmentado en el espejo del tocador. Ya no era la misma mujer que había entrado a esta casa meses atrás, con sueños in