La luz del atardecer se filtraba por los ventanales de la mansión, tiñendo las paredes de un naranja dorado que contrastaba con la tensión que flotaba en el ambiente. Elena se movía inquieta por la habitación, revisando por tercera vez los documentos que había encontrado en el despacho de Adrián. Algo no encajaba. Las fechas, los nombres, las transacciones... todo apuntaba a una filtración interna.
—Tiene que ser alguien cercano —murmuró para sí misma, pasando los dedos por el borde de las hoja