Leo Álvarez estaba convencido de que aún tenía el control. La reunión con Darian lo había sacado de quicio, pero en su mente todavía conservaba la ventaja: la sociedad firmada, los contactos estratégicos, los contratos que habían sido la base de aquel acuerdo millonario. Si lograba disolver la unión con los Montero, podía llevarse consigo los activos más importantes y arrastrar a los socios clave al otro lado.
O al menos eso creyó.
La primera reunión con su equipo de abogados le devolvió un air