(Punto de Vista de Catalina – 14 semanas de embarazo)
El calor de noviembre en Sicilia era una traición: por fuera parecía verano, pero el viento que bajaba del Etna traía cuchillas.
Yo estaba en la terraza oeste, la que da al viñedo, tomando el único cappuccino descafeinado que me permitía al día, cuando Santoro apareció corriendo con la cara pálida.
—Señora… han dejado algo en la verja norte. Y no es otro ataúd de cristal.
—¿Qué es esta vez? ¿Un piano lleno de serpientes?
—Peor. Es… una niña.