La mañana llegó sin avisar, rompiendo la falsa calma de la noche. Toda la mansión aún permanecía en silencio, pero sabían que no duraría mucho, había una tensión que se podía sentir entre las sombras.
Enzo aún no había vuelto con noticias, y eso solo se podía significar una cosa: el traidor estaba más cerca de lo que se podían imaginar.
Quizás demasiado cerca.
Mientras terminaba de servirme un espresso, vi por el ventanal a Catalina caminando descalza por los jardines.
Aún tenía puesto el vest