Elise
Alessio se quedó conmigo un rato, intentando que me tranquilizara y volviera a la realidad. Por suerte, lo logró con sus sonrisas y chistes malos, algo que le agradecería toda mi vida.
—Ya me siento mejor —le aseguré—. Quiero conocer a mis bebés.
—En un momento los van a traer.
—¿Pero no están en incubadora? —pregunté con nerviosismo.
—Solo los metieron un rato, pero están tan bien que los van a traer ahora.
—Tengo miedo, Alessio, tengo miedo de que no estén, de que…
—Te juro que están. ¿N