Elise
La casa era todo un sueño, algo que me habría gustado y que incluso planeaba con Alessio y los niños. Pero ahora todo era algo muy lejano, aunque estuviera aquí. El hombre que me desnudaba frente al ventanal y me tocaba con devoción no era con quien quería estar.
Mientras Andrei se recreaba repasando mi espalda con los labios, apoyé las manos en el cristal y contemplé el bosque, oscurecido por la tormenta. El ventanal estaba cubierto de hermosas gotas de agua que se deslizaban lentamente,