Andrei
Dos años. Dos infernales años habían pasado ya y solamente conseguía errar una y otra vez en mi intento de recuperar a Elise. A pesar de todo, no me rendía. Perseguirla, verla en redes sociales y observar el crecimiento de mis hijos a través de la pantalla era lo que me mantenía con vida.
Claro, eso solo para mí. Para el resto del mundo, yo estaba muerto. Solo el jefe del consejo de Tokio sabía que seguía existiendo y que podía sacar todos los recursos que quisiera de mí mientras guardara