Elise
Aunque esperé casi un mes para decírselo, Alistair tomó la noticia de mi embarazo bastante mal, como era de esperarse, pero no tan mal como había imaginado. Se mantuvo enfurruñado algunas horas, pero después vino a buscarme y me ofreció su oso de peluche favorito, el que le compré con mi primer salario.
—¿Ya no estás molesto, mi amor? —le pregunté, sonriendo con cautela—. ¿Me quieres?
—Sí, mami, sí te quiero —dijo sonriéndome mientras se acurrucaba a mi lado—. ¿Me quieres?
—Te adoro, ere