Elise
Lo primero que escuché al recobrar la conciencia fue el llanto y los movimientos bruscos de mi hijo. Mis reflejos de madre me hicieron abrir los ojos y sujetarlo antes de que cayera del ataúd.
—Dios mío —jadeé, sintiendo que el corazón se me salía del pecho—. Estamos a salvo, debemos estarlo.
Eso quería pensar, y por un momento deseé que apareciera Andrei. Al menos con él tenía la seguridad de que, mientras me comportara bien, estaría a salvo. Sin embargo, no sabía nada sobre la per