Andrei
Años antes
Elise estaba tensa mientras cenábamos lo que había preparado con esmero. A partir de ese día, yo mismo prepararía sus comidas o dejaría que ella lo hiciera. De ninguna manera otra persona volvería a pisar este departamento con ella a la vista, a menos que quisiera morir.
—¿Te gusta? —le pregunté.
—Sí, está bueno —respondió sin mirarme.
Sus modales en la mesa, contrariamente a lo que esperaba, eran exquisitos y fluían con naturalidad. Cada vez que cortaba la carne con expresión