Andrei
Época actual
Por fin tenía ante mí al último de los Bianchi. Si pasaron más de dos años para que cayera, no fue precisamente porque no pudiera encontrarlo, sino por el placer de torturarlo y hacerle creer que, si advertía a las demás familias italianas de desistir de acercarse al consejo, se salvaría.
Nada más lejos de la hermosa realidad. Su enorme cuerpo serviría para justificar ese ataúd gigante.
—Perché, mio signore? —sollozó Gino Bianchi, mientras miraba la punta de la pistola sobr