Andrei
Años antes
No había dejado de pensar en esa interesante jovencita en toda la noche y si su nombre no salió de mi boca mientras me cogía a Sonia fue porque esta se quejó muchas veces de dolor porque perdía la conciencia por momentos, imaginando ese rostro perfecto y esos grandes pechos que dentro de poco devoraría.
—Gracias por conseguirlos —me dijo Sonia cuando le entregué los caramelos que quería darle a Elise—. Ella suele marearse antes de subirse a los aviones; es muy rara.
—No debe se