Mundo ficciónIniciar sesiónMeryem regresó a la Academia Superior de St. Moritz con el alma envuelta en jirones de luto. El funeral de su padre había sido una farsa gélida: Maria y Beatriz vestidas de seda negra, fingiendo lágrimas mientras se repartían las propiedades de Andrea en el despacho contiguo. Durante todo ese verano maldito, Meryem había mantenido la mirada fija en el portón de la mansión, esperando ver el destello dorado de Baco cruzando el umbral.
Él no llegó. No hubo una mano fuerte sobre su hombro cuando la tierra golpeó el ataúd de su padre. No hubo un susurro en la oscuridad de la biblioteca. Meryem, en su inocencia herida, se convenció de que algo terrible debía haberle pasado. "Él no me dejaría sola en esto", se repetía como una oración. "Seguramente Valeria lo tiene prisionero, o ha sido herido en Rusia". Ese pensamiento, irónicamente, era su único consuelo: la idea de que solo la fuerza mayor o la desgracia podían mantener a Baco lejos de su lado.
La Estocada de Papel
El primer día del trimestre de invierno, tras cruzar los pasillos de mármol donde Sasha ya reinaba con absoluta crueldad, Meryem entró en su habitación. Sobre el escritorio, solitaria y blanca, reposaba una carta con el sello de la Academia Militar de Novosibirsk.A Meryem le temblaron las manos. Suspiró con un alivio doloroso, rompiendo el sobre con la urgencia de quien busca oxígeno. Pensó que sería una carta de condolencias, una explicación desesperada, una promesa de que regresaría para rescatarla de las garras de Sasha. Pero mientras sus ojos violetas recorrían las líneas escritas por la mano de Baco, el mundo dejó de girar.
"...He conocido a alguien, una loba llamada Elina. Ella me ayuda a sobrellevar este destierro. Espero que tú también encuentres esa calma..."
La carta cayó de sus dedos como si quemara. No hubo gritos. No hubo estallidos. Solo un vacío absoluto que se tragó el aire de la habitación. Meryem se desplomó en el suelo, abrazándose a sí misma. Baco no estaba prisionero. Baco no estaba herido. Baco estaba en los brazos de otra loba, una loba de "estirpe", una loba hermosa que podía darle lo que ella, la "híbrida defectuosa", nunca podría: una transformación, un linaje puro, una compañera de caza.
Esa noche, Meryem lloró hasta que sus conductos lagrimales se secaron. Fue un llanto silencioso, enterrado en la almohada para que las seguidoras de Sasha no la escucharan. Sintió que perdía la última ancla que la mantenía atada a la cordura. Su padre estaba bajo tierra por una traición que nadie investigaría; sus amigos Gammas la evitaban por miedo a ser mutilados; y ahora, su escudo, su León Dorado, se había desvanecido en el frío ruso con otra mujer.
El Ocaso de la Esperanza
—Tenían razón —susurró Meryem a la oscuridad, con la voz rota—. No tengo loba. No soy nada.La soledad se volvió una presencia física en su habitación. Meryem comenzó a creer fervientemente en las mentiras de Beatriz. Si ella tuviera una loba, si fuera "destinada" a Baco, él lo habría sentido. Pero él la había reemplazado con la facilidad con la que se cambia una prenda vieja.
Sasha, al enterarse por los rumores de la academia que Baco tenía novia en Rusia, no perdió la oportunidad. Interceptó a Meryem en los lavabos y la empujó contra los espejos fríos. —¿Ya viste la foto, hermanita? —le siseó Sasha, mostrándole un recorte de un periódico social ruso donde Baco aparecía sonriendo junto a Elina—. Es hermosa, ¿verdad? Una loba de verdad. No una mancha de plata como tú. Baco finalmente ha despertado de su capricho por la lástima.
Meryem no respondió. Ya no había nada que Sasha pudiera decir que doliera más que la carta que guardaba en su bolsillo.
El Diario de las Sombras y el Pensamiento Oscuro
Meryem dejó de escribirle a Baco. Quemó cada una de las cartas anteriores en la chimenea de la biblioteca, viendo cómo los recuerdos de su infancia se volvían ceniza. En su lugar, compró un diario de t***s negras. Ya no escribía sobre amor o esperanza; escribía sobre el peso de la existencia."Hoy he entendido que el amor es el arma más letal de las Matriarcas", escribió en la primera página. "Me han quitado todo. Me han dejado en los huesos. Si no tengo loba para luchar, ¿para qué sirve este corazón que solo sabe sangrar?"
El invierno avanzaba y el pensamiento de las próximas vacaciones de verano en la manada del Este, sin su padre y con la sombra de la nueva novia de Baco acechando, se volvió insoportable. Meryem comenzó a obsesionarse con el lago de la propiedad, aquel lugar donde Baco le había hecho promesas que ahora eran polvo.
"Cuando regrese a casa", pensó mientras miraba la nieve caer, "no esperaré a los dieciocho años. El lago es profundo y el agua está en paz. Sería tan fácil hundirse, dejar que el frío me abrace de verdad y acabar con este ruido".
Meryem caminaba por la academia como una muerta viviente. Ya no entrenaba con fuerza, ya no estudiaba con brillo. Estaba rindiéndose. No sabía que en Rusia, Baco se despertaba cada noche gritando su nombre, atrapado en una mentira que él mismo había tejido, ni que su loba blanca, Nila, estaba acurrucada en lo más profundo de su ser, acumulando todo ese dolor, esperando el momento exacto para estallar y demostrarle al mundo que el hielo, antes de fundirse, puede quebrar hasta el diamante más duro.







