—¡ELOÍSA! —rugió Javier, con su voz resonando en toda la casa.
Eloísa, que estaba sentada en la sala con Olivia, alzó la vista con un leve sobresalto, pero no pareció sorprendida; en el fondo ya se lo esperaba. Olivia, en cambio, sí lo estuvo. Colocó su taza de té sobre la mesita con cuidado, mientras el hombre avanzaba a pasos largos y furiosos. Se veía completamente endemoniado y daba miedo, mucho miedo.
Cuando llegó hasta ellas, tiró la revista sobre la mesa con tal fuerza que algunos adorno