—Esto no es bueno —dijo uno de sus asesores de imagen. Enzo lo miró con frialdad, no necesitaba que le resaltaran lo obvio—. La credibilidad de Valeria está en juego. Muchos socios ya exigen su cabeza.
—Entonces, que esperen sentados —respondió, cruzando los brazos. Obviamente aquello no pasaría. Jamás permitiría que le pusieran un dedo encima a su mujer.
Los cinco miembros sentados a la mesa intercambiaron miradas. Sus rostros tensos y preocupados. Nadie quería contrariarlo, pero tampoco podí