Afortunadamente, Francisco no se había percatado de nada. Pero ella sabía muy bien que había estado a punto de engañarlo, así que la culpa no la dejaba tranquila.
Pasó el resto de la noche cabizbaja, arrepentida, deseando regresar a casa, mientras Erick se mantenía a la distancia con aquella mujer.
Le había dicho que solo era una misión, pero estaban tan cerca, tan unidos y acaramelados, que comenzaba a dudar; comenzaba nuevamente a sentir esa incomodidad que le avisaba que los celos estaban ga