Necesitaba calmarse, así que se echó agua fría en el rostro tratando de serenarse. El resultado fue que el agua se mezcló con sus lágrimas y su rostro lejos de mejorar, se puso más hinchado y rojo.
Odiaba ser tan sentimental.
Odiaba sentir un dolor tan fuerte en el pecho que no sabía cómo controlar.
Diez minutos después, abrió la puerta del baño, procurando que su rostro solo reflejara la calma que le había costado tanto conseguir… pero entonces se encontró con la última persona que quería ve