Eva
—¡No, no, Damian! ¡Damian! —escuché los gritos desde la madrugada y corrí a las habitaciones superiores. Estas eran las desventajas de no haber pegado un ojo literalmente en siglos.
—¿Qué sucede? —pregunté al llegar al último piso, en la habitación del alfa. Leticia ya estaba ahí, preocupada.
—La Luna… tiene pesadillas —respondió, y empujé la puerta. Encontré a Cerebrito enredada en las sábanas de la cama de su mate. Había tenido un pésimo día: se había separado de su alfa hacía pocas horas